
Contra el libre albedrío del ciudadano se posiciona un Estado cada vez más controlador que se inmiscuye en cualquier aspecto de la vida colectiva e individual.
Si nos fijamos, cada día quedan menos aspectos de nuestra vida sin regular, ya sea por gobiernos de derecha, de centro o de izquierda. Regular quiere decir que te digan cuando, como o si no puedes hacer las cosas.
La mayoría de las regulaciones son consecuencia de una “demanda social” y tienen un marcado carácter paternalista. En España, los boletines oficiales van a más y unas 100.000 normas estatales nos regulan la vida, sin contar todas las normas comunitarias, autonómicas y municipales.
Cuando casi todo esté regulado resultará sospechoso hacer algo no regulado.
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