
Actualmente, los ciudadanos españoles, y en general los occidentales, empezamos a sufrir alarmantes muestras de semilibertad o servidumbre. Las cadenas que limitan ahora la libertad son más sofisticadas. Tan sofisticadas que son invisibles. No las percibimos como tales o lo que es peor, las deseamos como ocurrió con aquel funesto grito de ¡¡¡Vivan las cadenas!!! Y que ahora el clamor popular repite tras cada atentado del terrorismo islámico.
Finalmente, los ciudadanos, impotentes y con una creciente carencia de derechos democráticos, intentan enmascarar su frustración evadiéndose en el consumo desenfrenado de las compras o los viajes.
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