
El ejercicio del poder aunque sea en nuestras democracias, es delicado. Delicado para el que lo ejerce por las presiones de los poderosos desde la sombra y delicado por las tentaciones de autoritarismo, paternal pero autoritarismo al fin y al cabo, debido a la insaciable demanda social de más control.
Los psicólogos advierten a los padres de lo negativo que resulta la sobreprotección de sus hijos. Esto mismo habría que recordar a nuestros dirigentes.
No nos protejan tanto.
Enséñenos a protegernos.
Exíjanos ser ciudadanos responsables.
Y a los irresponsables, ¡palo!
Ni más, ni menos.
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