OBSERVATORIO DEL DERECHO A LA INTIMIDAD Y AL LIBRE ALBEDRÍO

miércoles, 9 de abril de 2008

LA DOCTRINA DEL SHOCK


El año pasado tuve la fortuna de asistir en Barcelona a la presentación por Naomi Klein de su obra “La doctrina del shock”en una sala abarrotada de gente mayoritariamente joven, incluyendo la presentación del impactante corto de Alfonso Cuarón. Se trata de un libro valiente y necesario que debería ser de lectura obligada para todos los estudiantes de economía y que debería crear debate social acerca de las posibilidades reales de la famosa Tercera Vía, entre economía socialista planificada y economía capitalista pura y dura.
Quedé impresionado por el inmenso esfuerzo documental e investigador llevado a cabo por Klein y su equipo pero aun me parece más destacable la agudeza de su análisis de la historia económico-política de los últimos 30 años, por lo que me prometí leerlo cuanto antes, a pesar de sus 700 páginas. La verdad es que N. Klein como profesional del periodismo que es, escribe con estilo asequible a la mayoría, lejos de la habitual terminología académica, con cambios frecuentes de escenarios, lo que hace que el libro no se haga ni largo ni pesado.

Hace unos días lo terminé. A pesar de su optimista Conclusión, me ha dejado la moral por los suelos ya que la historia demuestra lo fácil que es sojuzgar al pueblo por un Gobierno autoritario o incluso por gobernantes demócratas que hacen lo contrario que prometieron. Pero bueno, mi rebeldía innata me obliga a pensar que la Historia la hacemos todos cada día y que si alguna vez hay que morir de miseria, mejor ponérselo un poco difícil al causante. La docilidad no va conmigo.

No voy ha tratar de hacer una crítica ya que las hay muy buenas sino compartir una reflexiones al hilo de su lectura.

El premio Nobel de Economía Milton Friedman consiguió demoler poco a poco el Estado del Bienestar auspiciado por las teorías de M. Keynes tras el desastre económico provocado por el capitalismo feroz en 1929. Leyendo el libro de Klein en el que explica cómo con frecuencia, la única voz con argumentos económicos es la que representa a los “Chicago Boys”, me preguntaba ¿dónde estaban los economistas contrarios a Friedman para gritar públicamente sus razones y evitar engaños como el que explica de la Sudáfrica de Mandela? ¿Existen estos economistas comprometidos, capaces de echarse al ruedo a lidiar con los de la Escuela de Chicago?

Pensando sobre cómo puede defenderse una sociedad de la pérdida de derechos, sociales o humanos, no avanzo demasiado desde el plano teórico al práctico. La Historia demuestra que solo excepcionalmente los pueblos han sido capaces de oponerse con éxito al explotador y lamentablemente casi siempre han sufrido la explotación con mansedumbre o protestas mínimas o ineficaces.

Si nos fijamos en el primer país que nos regaló la Democracia y en su deterioro progresivo causado por un Presidente que llegó al poder gracias a un muy discutible recuento de votos y que con la excusa de declarar la Guerra al Terror ha debilitado hasta extremos impensables, unos años antes, los poderes legislativo y judicial ante la complicidad de la prensa. Frente a este brutal ataque, la ciudadanía de momento no ha sido capaz de oponer una resistencia eficaz. Si esto está pasando en una sociedad tan madura como la de Estados Unidos ¿que podría pasar en otras menos evolucionadas?

Un ejemplo de pueblo organizado es el cubano pero lamentablemente solo de forma parcial frente a la agresión exterior que ha mantenido a raya a su belicoso vecino haciéndole ver que su invasión no sería un desfile militar como la de Panamá entonces o la de Iraq más recientemente. La otra cara de la moneda del admirable pueblo cubano, es su incapacidad para obligar a cambiar a sus dirigentes y recuperar los derechos negados demostrando la posibilidad real de aplicar con éxito la Tercera Vía.

La historia nos muestra como la resistencia pacífica o armada en Argentina o Uruguay fracasaron ante sus dictatoriales gobernantes apoyados por el Emperador del Norte. Me produce sensaciones muy contradictorias el tardío levantamiento popular de los argentinos cuando fueron saqueados por Carlos Menem, entre otros, que fue capaz de presentarse nuevamente como candidato obteniendo un importante porcentaje de votos aunque insuficiente para alcanzar la presidencia por tercera vez.

En Polonia o Sudáfrica, los gobernantes democráticos tampoco tuvieron que emplearse a fondo para imponer un sistema económico opuesto al prometido antes de instaurar la democracia. Las protestas fueron mínimas.

La historia hace añorar los éxitos en entornos tan diferentes de Gandhi y de Martin Luther King que supieron liderar al pueblo pacíficamente hasta alcanzar la utopía, sin olvidar la épica de la revolución de Espartaco que llegó a poner al Imperio de rodillas. Pero la historia también nos recuerda que el pueblo mexicano o el nicaragüense consiguieron mediante heroicas revoluciones alcanzar el poder para acabar al cabo de los años como al principio. El Poder, corrompe.

La diversidad, vitalidad, formación e información y activismo de una Sociedad, quizás son las únicas armas para dificultar y quizá evitar que el pueblo sea saqueado por unos pocos, implantando unas estructuras de base sólidamente afianzadas (asociaciones, sindicatos, partidos, cooperativas, prensa libre, intelectuales comprometidos, etc.) y con suficiente capacidad de movilización para contrarrestar la propaganda estatal o llegar a expulsar a un Gobierno si fuera el caso. Una ciudadanía bien informada, bien organizada y valiente sería indomable.

¿Será cierto que cada Pueblo tiene el Gobierno que se merece?

2 comentarios:

lavigi dijo...

Lo tengo en la estantería, me está mirando, quiere que lo lea... :)

¿Supongo que también has leido No Logo? Es uno de mis libros de cabecera para entender el mundo.

Otro día seguimos compartiendo bibliografía :)

artesano dijo...

Todavía no he leído No Logo. Algún día llegará.
Hoy, tenemos a Eduardo Galeano por Barcelona (19.30h en la Pompeu Fabra de Balmes. Lamentablemente no podré ir por trabajo. Cuanto más le conozco, más interesante me parece.